Ven a Maria bonita

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¿Me creerían si les digo que no me gustaba cocinar?

Muchas personas que me conocen ya lo saben pero hay otras tantas que me conocieron en esta -deliciosa- etapa de mi vida así que quiero contarles como es que terminé aquí.

La mayoría de mi familia cocina y no es por presumir pero son muy buenos, podrías adivinar quien hizo que platillo solo probando su sazón. A mi nunca me interesó, la cocina era un espacio pequeño que se llenaba de gente y platos en el fregadora, no era exactamente mi lugar favorito.

Evitaba en la medida de lo posible cocinar, de sentir todo el calor de la estufa haciéndome sudar me daba dolor de estómago, además algunas veces me ponían a ayudar cuando yo tenía planes así que tenía que cancelar y quedarme ahí a veces por horas.

Pero hay que recordar que generalmente tenemos una relación con este tipo de cosas, claramente la nuestra es más mala que buena, no nos queríamos y es que en retrospectiva asociaba muchas cosas negativas a la cocina.

Un día mi familia se había ido de vacaciones, yo tendría unos 17 años y pues debía alimentarme me daba mucha pereza salir por comida (sin mencionar que no tenía tanto dinero para ese lujo) así que me aventuré a la cocina viendo que había de ingredientes y tratando de recordar lo que había visto muchas veces.

En mi mente imaginé un buffet para uno pero la realidad estaba alejada de mi visión y mis habilidades curinarias hice un comestible arroz (¿A quien se le ocurre intentar hacer una de las cosas más difíciles?) lo iba a dejar por la paz pero después de unas horas regresé con otro reto.

No lo noté hasta después de dos postres fallidos pero me estaba divirtiendo, incluso me estaba relajando muchísimo no podía creerlo. Cuando mi familia regresó estaba demasiado impresionada pero preferí no prestar mucha atención pues todavía no me acostumbraba a la idea de que yo estuviera en la cocina.

Mi tía que es una persona muy empática de repente me daba consejos útiles sobre como elegirlos, vertirlos o como podía hacerle para cambiar la textura, fui agregando algunos de sus consejos poco a poco y empecé a hacer los míos.

Después de muchos platos y recetas fallidas empecé a mejorar, practicaba mucho y se notaba, los postres quedaban con mejor consistencia, con mejor sabor y a veces hasta me animaba para crear mi versión.

Decidí estudiar gastronomía, trabajé en algunos restaurantes, cocinaba en mi casa, nunca fue mi intención ser la mejor cocinera del país pero que pudiera alimentar a mi familia era de las mejores sensaciones del mundo.

En la universidad conocía a mi amiga quien es la socia de este restaurante, Maria Bonita no es solo un lugar, es la culminación de un sueño que se estuvo cocinando por mucho tiempo porque si hace unos años me hubieran dicho que soy dueña de un restaurante no les hubiera creído.

Es increíble como la vida te va poniendo el camino. Este es el resultado de seguir una pasión con la que estoy comprometida de por vida.

Ojalá con este blog les pueda transmitir un poco de lo que la comida ha hecho por mí, de antemano agradezco que lean estoy y que se interesen por nuestras sucursales.

¡Buen provecho!

 


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